La verdad, no se como empezar mi relato, pues dentro de poco hará 3 años que viví esta maravillosa aventura. Por aquellas fechas, creí una proeza hacerlo a los casi 70 años, pero veo que mientras se tenga ilusión, salud y ganas de hacer una cosa, se consigue, pues todo hay que decirlo, me encontré en el Camino a un matrimonio de 78 años, que sin prisas y acompañados de un perrito, lo iban haciendo. También quiero dejar claro que este relato no lo hago ni con alardes literarios ni dar pormenores geográficos, lo hago de forma sencilla como si en estos momentos estuviera contándole por teléfono a mi esposa las secuencias del Camino.
También quiero dar las gracias a mis cuñados, Florentino de 71 años, Alfonso de 62, junto a Manuel de 65, que tuvieron la amabilidad de querer acompañarme y así vivir las experiencias que tantas veces les relataba.
MIS CUÑADOS ALFONSO Y FLORENTINO
Bueno a las seis de la mañana llegó el tren a Astorga y vimos con alegría que también bajaba un señor con la mochila, con todas las trazas de iniciar la misma aventura que nosotros.
La recta de Murias de Rechivaldo, la iniciamos con mucha niebla no se veía a 50 metros, suerte que a las 10 de la mañana, salió un sol que nos pareció maravilloso, no por el calor, sino para poder ir contemplando el paisaje. El resto de la etapa tuvimos un tiempo estupendo que nos hizo sudar lo suyo los últimos kilómetros que si mal no recuerdo son cuesta arriba.